Mostrando entradas con la etiqueta Tecnologías de la Información. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tecnologías de la Información. Mostrar todas las entradas
jueves, 25 de julio de 2013
Adaptándonos a los nuevos tiempos
miércoles, 24 de julio de 2013
Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC)
Según Bologna y Walsh, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) se entienden como "aquellas herramientas y métodos empleados para recabar, retener, manipular o distribuir información. La tecnología de la información se encuentra generalmente asociada con las computadoras y las tecnologías afines aplicadas a la toma de decisiones”.
Las TIC están cambiando la forma tradicional de hacer las cosas. Las personas que trabajan en los gobiernos, en las empresas privadas, que dirigen personal o que trabajan como profesionales en cualquier campo utilizan las TIC cotidianamente mediante el uso de Internet, las tarjetas de crédito, el pago electrónico de la nómina, entre otras funciones; es por eso que las funciones de las TIC en los procesos de la empresa como manufactura y ventas se han expandido grandemente. La primera generación de computadoras estaba destinada a guardar los registros y monitorear el desempeño operativo de la empresa, pero la información no era adecuada ya que el análisis obtenido en un día determinado en realidad describía lo que había pasado una semana antes. Los avances actuales hacen posible capturar y utilizar la información en el momento que se genera, es decir, tener procesos en línea, en tiempo real. Este hecho no sólo ha cambiado la forma de hacer el trabajo y el lugar de trabajo sino que también ha tenido un gran impacto en la forma en la que las empresas compiten.
Utilizando eficientemente la tecnología de la información se pueden obtener ventajas competitivas, pero es preciso encontrar procedimientos acertados para mantener tales ventajas como una constante, así como disponer de recursos alternativos de acción para adaptarlos a las necesidades del momento, pues las ventajas no siempre son permanentes. El sistema de información tiene que modificarse y actualizarse con regularidad si se desea percibir ventajas competitivas continuas.
Según nos dice Alter, “el uso creativo de la tecnología de la información puede proporcionar a los administradores una nueva herramienta para diferenciar sus recursos humanos, productos y/o servicios respecto de sus competidores”. Este tipo de preeminencia competitiva puede traer consigo otro grupo de estrategias, como es el caso de un sistema flexible y las normas justo a tiempo, que permiten producir una variedad más amplia de productos a un precio más bajo y en menor tiempo que la competencia.
Las tecnologías de la información representan una herramienta cada vez más importante en los negocios, sin embargo el implementar un sistema de información de una empresa no garantiza que ésta obtenga resultados de manera inmediata o a medio plazo.
En la implementación de un sistema informático intervienen muchos factores siendo uno de los principales el factor humano. Es previsible que ante una situación de cambio el personal se muestre renuente a adoptar los nuevos procedimientos o que los desarrolle plenamente y de acuerdo a los líneas de acción que se establecieron.
De todo lo anterior es necesario hacer un planteamiento estratégico teniendo en cuenta las necesidades presentes y futuras de la empresa, así como un estudio e investigación preliminar de factibilidad e idoneidad del proyecto que deseamos llevar a cabo, es decir, es sumamente necesario realizar un exhaustivo análisis previo tanto funcional como orgánico.
Análisis previo a la implementación de Sistema Informático
La investigación preliminar abarcará aspectos tanto internos como externos de la empresa, es aquí el momento de definir quiénes somos en ese momento y a dónde queremos llegar, quién es nuestra competencia directa e indirecta, cómo está la empresa en relación a sus competidores, cómo lo hacen los demás? El conocimiento general de la empresa se da en este punto.
Estudio de factibilidad del proyecto
El estudio de factibilidad permitirá a al empresa evaluar factores como: recursos financieros, materiales y humanos, así como los tiempos que se requieren para la implementación del nuevo sistema. Se debe de ser totalmente objetivo y realista en este proceso ya que una información inadecuada en este primer paso se verá reflejada en el momento de poner a prueba el sistema y peor aún en el momento de estar operando y esperando resultados que tal vez nunca lleguen. En este punto es importante no olvidar el aspecto financiero no dejando a un lado los indicadores financieros de rentabilidad. El aspecto cualitativo es importante para eso se tendrá que tomar en cuenta la misión y la visión de la empresa.
Al hacer un estudio de factibilidad se determinan las variables que se tomarán en cuenta en el proyecto y la importancia relativa de cada una de ellas. Una vez definidas las variables se procede a analizar las opciones que existen en el medio y estas opciones son sometidas al escrutinio para determinar en que porcentaje cumplen cada una de las variables previamente definidas.
Una de las opciones que generalmente se presentan en el área de sistemas de información es ¿lo hacemos en casa o lo compramos?, si lo compramos, ¿qué compramos?
Actualmente existe una gama muy amplia de sistemas de información desarrollados para satisfacer las necesidades de la mayoría de las empresa, si bien es cierto que no están hechas “a la medida de la empresa” algunos de estos sistemas tienen la opción de hacer adaptaciones a sus reportes o a algunas pantallas y en el caso de sistemas ERP cuentan con su lenguaje de programación que permite capacitar a una persona para poder hacer las modificaciones que se desee.
Si se determina que se desarrollará un sistema a la medida, los siguientes pasos serían un análisis y diseño del sistema, lo cual implica mayor tiempo ya que se deberán de destinar varias horas a: entrevistas con los usuarios, manuales de usuarios, programación y pruebas entre otras actividades.
Hoy en día, los sistemas de información juegan un papel primordial en la vida de las empresas, ya que ayudan a mejorar procesos, reducir tiempo (horas/hombre) y ayudan a centrarse en tareas que agreguen valor. Esto es muy diferente al del simple proceso de datos u obtención de los mismos, pero la función principal y que puede ser más palpable por la administración de la empresa es la de tener información fiable e inmediata, es decir, en tiempo y que sea de calidad.
Uno de los elementos clave para una organización y también visto como herramienta competitiva es la mejora del flujo y proceso de la información y que esta información pueda ser accesible de manera rápida e interrelacionada.
Después del varapalo a Google ahora le toca a Facebook
Google es a los motores de búsqueda en Internet lo que facebook a las redes sociales.
“El reciente escándalo de espionaje en Internet por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses ha puesto de manifiesto la urgencia de una reforma de la normativa europea en materia de datos personales. Un asunto por el que se enfrentan las asociaciones de consumidores y los lobbies de los gigantes de Internet.”, así comienza el artículo firmado por Camille Gévaudan para el periódico francés Liberation, en el que se hace eco de la campaña internacional seguida por cientos de miles de internautas bajo el lema “¡No permitas que las grandes empresas te despojen de tus derechos a la privacidad!”, en su web www.nakedcitizens.eu (ciudadanos desnudos, en español).
No son demasiadas las ocasiones en las que una gran mayoría de usuarios de la red se ponen de acuerdo junto con algunas ONG,-en este caso la española, de origen francés, CNIL (Comisión Nacional de la Informática y las libertades) encargada, entre otras cuestiones, de llevar ante la Comisión Europea a través del Grupo de Trabajo G29, que incluye a todas ellas, un proyecto en el que se tengan en cuenta los derechos de los ciudadanos frente a los grandes lobbies de Internet. “La misión general de la CNIL es la de velar para que la informática esté al servicio del ciudadano y no vulnere la identidad humana, ni los derechos humanos, la intimidad o las libertades individuales o públicas”, dicen en su slogan.
De todos es sabido, o todos deberíamos de saber, que tanto Google, Bing, Amazon, eBay, AOL o Yahoo!, y otros motores de búsqueda, así como las redes comunitarias o sociales más utilizadas tales como facebook, twiitter, MySpace, LinkedIn u otras, basan su modelo económico en la gratuidad de sus servicios con respecto a los usuarios particulares como contrapartida para su financiación a través de la publicidad que es, en definitiva, su fuente principal de ingresos, aunque no sea la única.
El problema, no obstante, radica en que para ser cada vez más eficaces deben sacar provecho de los datos personales facilitados voluntariamente por los propios internautas sin que estos sean conocedores, y por tanto den su autorización expresa de la utilización, con ánimo de lucro, de los mismos.
Es por lo tanto muy lógico que tanto las CNIL europeas como otras ONG tal como La Quadrature du Net, u otras autoridades internacionales encargadas de la protección de la privacidad de los datos personales, se interesen y preocupen por las condiciones en las cuales se usan los datos, y las modalidades de información de los internautas, para que éstos puedan ejercer cabalmente sus derechos a la protección de sus propios datos personales.
Cuando desvelamos voluntariamente a un buscador o a una red social, nuestros datos personales (no me refiero únicamente a nuestra filiación que puede ser totalmente falsa o ficticia, sino a la dirección IP desde la cual transmitimos, aunque esta sea dinámica y por lo tanto variable), o nuestra agenda de contactos así como nuestras actividades favoritas e incluso nuestros hábitos o nuestras creencias ideológicas o religiosas, estamos, inconscientemente o no, dando a conocer nuestra, digamos, intimidad a cualquiera que navegue por Internet permitiendo que nuestros datos puedan constituir una importante fuente de información que es utilizada subrepticiamente como objeto de múltiples usos comerciales y publicitarios. Y no siempre somos conscientes de ello aunque a veces rechacemos alguna intrusión publicitaria poco oportuna. Hemos de saber que el riesgo es real y está ahí, viéndose aumentado cuando el usuario no domina correctamente, aunque sea por desconocimiento, estas nuevas herramientas tecnológicas. Por ejemplo, aunque los parámetros del servicio o los algoritmos de búsqueda puedan ser modificados periódicamente, la configuración memorizada por defecto (lo que se viene a llamar “la caché”) a menudo permanece a través de las “cookies” favoreciendo una amplia difusión de los datos, hasta tal punto que la información que debería permanecer en la esfera de lo privado acaba exponiéndose públicamente en toda la red.
Pero que nadie crea que la solución está en obviar o no facilitar este tipo de información pues tanto los buscadores más conocidos como las principales redes sociales, están eliminando, unilateralmente, aquellos perfiles incompletos -o manifiestamente falsos- que perjudican sus espurios intereses financieros a través de una publicidad no deseada o de una intrusión en nuestra intimidad por parte de los servicios de inteligencia de casi todos los países del arco occidental y “democrático”.
La Directiva de la Comisión Europea 95/46/CE y sus posteriores modificaciones, constituyen el texto de referencia, a escala europea, en materia de protección de datos personales. Crea un marco regulador destinado a establecer un equilibrio entre un nivel elevado de protección de la vida privada de las personas y la libre circulación de datos personales dentro de la Unión Europea (UE). Con ese objeto, la Directiva fija límites estrictos para la recogida y utilización de los datos personales y solicita la creación, en cada Estado miembro, de un organismo nacional independiente encargado de la protección de los mencionados datos.
Pero aquí nace el elemento clave de la controversia y del que Riccardo Luna, periodista italiano experto en nuevas tecnologías, ya nos avisaba el año pasado en su blog personal. En él, este prestigioso columnista internacional, se preguntaba "¿Por qué no tenemos derecho a dejar de existir en la Red? o dicho de otro modo ¿tenemos derecho a hacer que desaparezca de la Red todo lo que tiene que ver con nosotros, lo que hubiésemos subido quizá hace mucho tiempo, pero también los que otros hayan subido sobre nosotros y que nos da vergüenza? Una medida que pretende cambiar para siempre lo que entendemos por protección de datos y que trata de regular de una vez por todas el derecho al olvido en la era de Internet".
El propio periodista contesta a esa pregunta diciendo “el derecho a desaparecer de la Red’ no existe, al igual que tampoco existe el derecho a desaparecer del mundo. En la vida real podemos intentar volatilizarnos, pero siempre habrá documentos que hablen de nosotros, y también está la memoria del resto de la gente. Todo eso no se puede borrar con un clic. Y tampoco a través de una ley europea o de una intergaláctica. El derecho a borrarse del facebook, de navegar sin dejar rastro, o a que se nos advierta de que se guardarán nuestros datos y serán utilizados con fines comerciales u otros ya existe y una ley europea muy detallada no será revolucionaria, sino simplemente reforzará un principio, un derecho fundamental de la persona. En cambio, el derecho a hacer desaparecer todos los artículos o entradas de blogs que hablen de nosotros, como algunos pretenden, no existe.”
Y es que esta ley restringe, por ejemplo, el acceso a nuestra información en asuntos policiales salvo con una orden judicial exprofeso pero nada dice de otros servicios de inteligencia ya sean los destinados a seguridad nacional o los que proporcionan dicha información a otras entidades con fines comerciales y publicitarios.
Eso es precisamente de lo que versan los trabajos del GT-G29 y las campañas emprendidas por distintas organizaciones de internautas, entre ellas las CNIL.
Y es que -se sabe con certeza-, los todopoderosos servicios de inteligencia yankees a través de la ley ACTA (“Anti-Counterfeiting Trade Agreement”, Acuerdo Comercial de Lucha contra la Falsificación, en español) y con la excusa de combatir la “piratería” y proteger los derechos de la propiedad intelectual de los autores, están traspasando la delgada línea roja de la paciencia de los ciudadanos, en este caso de los usuarios de la Red de redes e, inevitablemente, surge la pregunta del millón ¿están vendiendo nuestra información personal y, por lo tanto, obteniendo beneficios económicos y recursos de favor los grandes buscadores o las redes sociales? Si es así ¿hasta cuándo lo vamos a permitir?
Tenemos la imperiosa obligación, no solo moral, de ponerle un freno a la ley ACTA que pretende hacerse universal o, dicho de otro modo, intergaláctica y de dar un tremendo varapalo a Google y a facebook con el fin de que dejen de utilizar nuestra información personal e íntima sin que exista un consentimiento explícito por nuestra parte.
No temamos a la reacción de los grandes cárteles informáticos de la red y de sus ilegítimos intereses. Nosotros sin ellos podremos vivir aunque retrocedamos hasta la era de ArpaNet, en cambo ellos, sin nosotros, no serán capaces de sobrevivir si les impedimos que sigan estafándonos.
La “guerra” está iniciada desde hace tiempo y ya sabemos que “ellos” tienen el poder pero si conseguimos que se salvaguarde nuestra intimidad habremos ganado una pequeña batalla aunque no la guerra.
Querido lector o lectora: Sí, tú que me estás leyendo ahora, en este mismo instante, no seas egoísta y comparte esta información con tus amistades. Nos interesa a todos tener conocimiento de lo que está ocurriendo y, además, es gratis hacerlo.
Gracias por tu amabilidad y solidaridad, el mundo cibernético te lo agradecerá sobradamente.
Jaime Bel Ventura – YaakovBcn
Junio de 2013
La inmvasión de los chips
Desde el año 2002 existen unos chips microscópicos a los que se les dio el nombre de tag
(etiqueta en español) provistos de una antena que, conectada por ondas
(frecuencias) de radio a un lector, son capaces de transmitir
información a una distancia que puede ir de unos pocos centímetros a
varias docenas de metros. Su coste actual es de 0,05 céntimos de euro,
unos AR$ 0,30 centavos aproximadamente.
Los últimos prototipos, más inteligentes y de menor tamaño, surgieron con la aparición del “Internet de los objetos”.
Su diminuto tamaño los hace casi invisibles al ojo humano (0,15 milímetros de largo y 7,5 micrómetros de espesor) y otros, de 2 mm2, con una capacidad de almacenamiento de 512 KB (kilobytes) y capaces de intercambiar datos a 10Mbps (mega bits por segundo).
La tecnología que utilizan recibe el nombre RFID (Radio Frequency Identification, Identificación por Radiofrecuencia, en español) permite la identificación y localización de objetos o personas, actuando bajo las normas de comunicación NFC (Near Field Communications, Comunicación entre campos cercanos).
¿Cómo se utilizan?
Estos chips sin contacto nos invaden, cada vez más, en nuestro
quehacer cotidiano. Están presentes en algunos billetes de transporte,
por ejemplo, en algunas tarjetas de metro o bus, en las bicicletas de
alquiler, en los pasaportes de algunos países, en las tarjetas de acceso
a edificios o locales, en los monederos electrónicos, en las llaves de
contacto de algunos vehículos, en la logística de gestión de equipajes
de algunos aeropuertos o en el control de stocks de algunos almacenes.
En fin, cada vez más, su utilización está más generalizada y la
Identificación por Radiofrecuencia (RFID) se convierte, de este modo, en
un elemento económico clave e imprescindible, especialmente en
aplicaciones de la industria, la distribución y el transporte o, lo que
es lo mismo, la identificación y localización de objetos. El futuro de
esta tecnología es prometedor y se esperan nuevas aplicaciones cada vez
más inteligentes y sofisticadas.
Estos chips permitirán, sin ningún género de duda, conocer de manera
instantánea el contenido de un carrito de la compra en cualquier
supermercado, incluso aquellos productos que se hayan podido camuflar
entre las ropas de los más avezados. Los productos de lujo podrán estar
equipados con un tag con el fin de evitar sus imitaciones, y cuando los
teléfonos celulares, por citar un ejemplo más, estén equipados con este
chip, es decir, con lectores NFC se podrán pagar o
recargar a distancia. Los medicamentos y las bolsas de plasma de los
laboratorios, si están, provistos de esta etiqueta, dejarán de sufrir
errores humanos mejorando su trazabilidad. Y así, un sinfín de otros
detalles de control y seguimiento.
Pero algo más espeluznante, hoy en día ya se están realizando pruebas
con recién nacidos en determinados hospitales maternales, a través de pulseras RFID,
que impidan sus hipotéticos secuestros. De ahí a que estos chips se
implanten por vía intradérmica solamente va el paso de salvar el choque
ético y moral que tal circunstancia, sin duda alguna, provocaría frente
al resto de la humanidad. En España, por citar un ejemplo claro, ya se
inyectan chips RFID bajo la piel para pagar las consumiciones en algunas discotecas,
lo cual parece totalmente desproporcionado y, lo que hoy se toma como
un acto lúdico, ¿qué podrá ser en el futuro? Ni imaginarlo quiero.
¿Cuáles son los retos en materia de protección de datos?
Esta tecnología plantea problemas en materia de protección de datos
de carácter personal y de la intimidad, empezando por su naturaleza casi
invisible. ¿Cómo garantizar el respeto de la ley cuando se trata de una
tecnología invisible?
Además, cualquier persona que disponga del lector adecuado puede leer el contenido de una etiqueta RFID,
que puede incluir datos personales (o que pueden convertirse en
personales por interconexión con una base de datos) permitiendo así la
identificación a distancia del portador. Si todos los objetos de nuestra
vida cotidiana (tarjeta de transporte, ropa, teléfono, coche, pulsera,
etc.) estuvieran etiquetados, sería posible seguir la pista de los
individuos en todos los actos de su vida cotidiana. ¿Sustituirán las etiquetas RFID, en un futuro más o menos lejano, a los documentos de identidad de los ciudadanos? Solo el tiempo nos lo dirá.
En la actualidad, los sistemas RFID no permiten una
vigilancia continua de los individuos. Por ejemplo, el uso de una
tarjeta de ferrocarril metropolitano sólo permite conocer la estación
por donde el usuario ha entrado en el metro y en algunos casos la
estación por donde ha salido. No permite por lo tanto conocer el
trayecto efectuado, tanto más cuanto que la CNIL ha limitado la duración de conservación de estos datos a 2 días y únicamente para detectar fraudes.
Pero ¿qué nos deparará el futuro? En teoría, una vigilancia más
precisa de los individuos es factible, pero para ello se necesitarían
medios considerables, como una densa red de lectores capaces de leer a
varios metros de distancia los datos contenidos en los chips y, por
supuesto, a la velocidad con que avanzan las nuevas tecnologías, esto se
conseguirá.
Si a esto le añadimos una técnica informática, la biometría, nuestra
intimidad dejará de existir inmediatamente ya que esta tecnología
permite reconocer automáticamente a cada individuo a partir de sus
características físicas, biológicas e incluso de comportamiento. Los
datos biométricos de cada sujeto son datos de carácter personal, únicos y
permanentes (ADN, huellas digitales, iris ocular, etc.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





